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domingo, 30 de noviembre de 2014

Hoy cumple, Salome Ureña de Henriquez,115 años de su muerte







Salomé Ureña de Henríquez fue una poetisa, educadora y patriota dominicana. Nació el 21 de octubre de 1850 y falleció el 6 de marzo de 1897 en Santo Domingo.
Para 1850 el pueblo dominicano proclamado como Estado independiente desde febrero de 1844 y organizado como república, apenas daba sus primeros pasos. La sociedad dominicana era una verdadera expresión rural, precapitalista, autárquica, marginada del progreso y los avances técnicos que recibían otros pueblos del continente, particularmente Argentina, Chile y México y en la región del Caribe, Cuba, la más importante provincia de la monarquía española y, en esos momentos, la más grande productora de azúcar del mundo. Fue en ese año de 1850, el 21 de octubre, en la ciudad deSanto Domingo, que vino al mundo Salomé Ureña Díaz, quien sería la más fina y sensible expresión de percepción poética, maternal y pedagógica, de las mujeres dominicanas.
Fueron los padres de Salomé, Nicolás Ureña de Mendoza y Gregoria Díaz de UreñaNicolás Ureña ejerció la profesión de abogado y se destacó en la vida pública. Además de juez en diferentes jurisdicciones en la ciudad capital, fue senador y maestro destacándose también como periodista y músico. “El nacimiento de Salomé Ureña ocurrió poco después de la fundación de la República, durante el primer gobierno de Báez; creció en un ambiente de discordias, entre mil luchas intestinas. Por lo mismo que vivió en una época de tanta agitación, de tan incesantes perturbaciones en el pueblo dominicano, su alma se agrandé con el dolor y se hizo fuerte.
Salomé tuvo una niñez muy precoz. Su madre la enseñó a leer: a los cuatro años leía de corrido. Su infancia discurrió en las aulas de dos pequeñas escuelas de primeras letras, únicas permitidas entonces a las mujeres. En esa época las escuelas eran muy pobres, a tal extremo que no pasaban del catecismo. Decía doña Manuela Rodríguez ‘que las madres no querían que sus hijas aprendieran para que no les mandaran papeles a los mozos’; pero el padre de Salomé, como hombre de letras, avivó en ella la llama de su espíritu y le dio la mejor educación literaria que se podía alcanzar en aquellos años”.
Dentro de los límites de una sociedad atrasada creció y vivió Salomé. La ciudad de su nacimiento era pequeña y tenía acentuado aspecto colonial; estaba rodeada de murallas con foso hacia el campo, y las puertas se cerraban como en el siglo XVI; por lo menos la Puerta del Conde de Peñalba. “Muchos edificios estaban en ruinas…”. Como los edificios, las familias estaban también arruinadas. Largos años de emigración continúa habían empobrecido la ciudad. Largos años de guerra frente a Haití habían impedido también la organización de la familia dominicana y el aprovechamiento de sus escasas fuerzas productivas. Quizás a 150 mil habitantes llegaba el país en esos momentos.
Desde niña se distinguió Salomé por su vocación a la lectura y el estudio. Guiada por su padre adquirió apreciable formación basada, fundamentalmente, en la literatura y los clásicos. El la llevó por el camino de la poesía y siendo apenas una niña recitaba largos versos de famosos poetas americanos y españoles, haciendo gala de la prodigiosa memoria de que estaba dotada. Perseverante, inquieta, emprendedora, en los primeros años de su adolescencia llamaba la atención y atraía por su carácter enérgico y firme y por su temperamento abierto, sin dobleces. Aprendió francés, idioma que dominó a la perfección y estudió literatura francesa que le proyectó un horizonte singular y único como mujer, en su medio social. A esa edad, ya, era dueña de un humor fino e irónico que profundizó cuando se interesó por la literatura inglesa. Dominaba ampliamente también el idioma inglés.
Comenzó a escribir versos a los quince años y a los dieciséis hizo sus primeras publicaciones en periódicos de la ciudad, firmados con el seudónimo de Herminia. Pero a los veinticuatro años sus versos comenzaron a aparecer con su nombre. Como el padre de Salomé, don Nicolás Ureña de Mendoza, gozaba de fama como poeta, esto dio origen a que muchos negasen a la joven poetisa el derecho de autora de sus primeros versos. Pero a la muerte de éste, quedaron convencidos de que la hija era mejor poeta que el padre. A esa edad Salomé realizaba una activa vida social. Pertenecía a diferentes organizaciones literarias entre las cuales se distinguía “Amigos del País” y en la medida que su fama traspasó los límites de su patria, fue distinguida como miembro de honor de otras organizaciones literarias y artísticas de la república y de otros pueblos de la región del Caribe. Recibió reconocimientos y emotivos homenajes y como poetisa su nombre distinguió la República.
En 1880 contrajo matrimonio con Francisco Henríquez y Carvajal a quien llevaba nueve años de edad. Se habían conocido hacía dos años en una de las tertulias literarias de la sociedad “Amigos del País”. Cuatro hijos procrearon Salomé Ureña y Francisco Henríquez, conocido por el apodo de Pancho y quien transcurrido el tiempo se haría médico, escritor y por último presidente de la república en 1916. Esos hijos fueron Francisco Noel, Pedro Nicolás, Maximiliano Adolfo y Salomé Camila. Los tres más pequeños serían en sus vidas notables maestros, escritores, ensayistas de reconocida categoría dentro y fuera del país. Pero el de más brillo intelectual y pedagógico, de proyección internacional, lo sería Pedro Nicolás. Francisco Noel, conocido por el diminutivo de Franc, fue hombre de vida tempestuosa diferente a sus hermanos.
El 3 de noviembre de 1881 bajo la orientación y guía de Eugenio María de Hostos fundó Salomé Ureña de Henríquez el “Instituto de Señoritas”. Catorce jóvenes fueron las primeras alumnas. De ellas solamente seis terminaron los estudios graduándose de maestras normales: Leonor María Feltz, Mercedes Laura Aguilar, Luisa Ozema Pellerano, Ana Josefa Puello, Altagracia Henríquez Perdomo y Catalina Pou. La investidura se celebró el 17 de abril de 1887. Otras seis se graduaron el 16 de diciembre de 1888 y las dos últimas en diciembre de 1893. El surco quedaría abierto, la semilla sembrada y el terreno abonado para que por espacio de largo tiempo, desde 1881 hasta 1954, creciera, se extendiera y multiplicara por todo el territorio dominicano, la escuela racional fundada por Eugenio María de Hostos, secundado por Salomé Ureña. Nunca fue tan notable, bienhechora y provechosa la función del magisterio para un pueblo de América, como lo fue para el dominicano la obra y la dedicación de estas dos notables figuras.
Pancho Henríquez el esposo de Salomé se trasladó a París a completar un postgrado de su carrera de médico. A su regreso, en 1891, encontró a su esposa abatida por una enfermedad mortal: tuberculosis. Don Pancho, como era llamado familiarmente por todos, quien había sido compañero solidario de su mujer, le persuadió que debía abandonar las exigentes tareas que cumplía como directora y maestra del instituto. En diciembre de 1893 cerró sus puertas la noble institución. Volvería a ser abierta en enero de 1896 por iniciativas y gestiones de las hermanas Luisa Ozema y Eva Pellerano Castro, ambas discípulas de la fundadora y del Instituto. Vivía aún la extraordinaria poetisa y maestra convertida en una leyenda de la vida cultural americana.
Rendida por mandato del destino, en las palabras pronunciadas en la tercera y última investidura del “Instituto de Señoritas”, que sería también el de su clausura, dijo Salomé, entre otras cosas: . . . “rendida por la fatiga de la lucha, sin recursos, sin medios de ninguna especie para continuar de pie sobre el palenque, solicitada por el santo deber de la educación de mis hijos, que reclamaban por entero todas las energías de mi espíritu, sello, con esta última prueba de mi trabajosa labor, la obra iniciada hace doce años…”. En ese discurso como en los anteriores no dejó de rendir honor y reconocimiento a Hostos de quien dijo que “enamorado de su belleza” (refiriéndose al país, egf) y presintiendo altos destinos para su porvenir, “quisiste lanzarla en la corriente civilizadora de las ideas. ¡Sé bendito! Yo no olvidaré el noble empeño con que te consagraste a dignificarla en su puesto de nación libre”.
Murió físicamente Salomé Ureña de Henríquez, poetisa, madre, educadora y patriota, el 6 de marzo de 1897. Su obra romántica, pedagógica y patriótica, como el recuerdo de su figura única en la historia dominicana, estará siempre presente en la memoria del pueblo.

Biografia

Forma parte del llamado círculo de Dioses Mayores de la poa. sía nacional, que se completa con Gastón F. Deligne y José Joaquín Pérez, y algunos llevan su admiración hasta proclamarla el primer poeta dominicano. Considerando su poesía a la luz de la época en la cual se produjo, no cabe duda que es preciso reconocer en ella excelencias bastantes para merecer la fama. Sin embargo, un severo juicio crítico posterior, ha podido encontrarla falta de esa virtud poética, necesaria para la supervivencia por el sólo mérito de la propia poesía. Los temas por ella tratados, —el hogar, la patria, la escuela—, circunscriben demasiado su poesía a los límites nacionales, aunque su tradicionalismo hispánico la sitúa entre los poetas peninsulares del ochocientos, sin ningún intento de dominicanización, como realizaba José Joaquín Pérez, por ejemplo. Así pudo decir, con justicia, Menéndez Pelayo, que sostenía en sus débiles manos “la robusta ¡ira de Quintana”.
(1850-1897) Obras poéticas:
  • La llegada del invierno
  • Ruinas
  • Mi ofrenda a la Patria

Poesía

En su poesía predominan tres temas :
a) El Patriótico, donde aflora su de-seo por el bienestar de la sociedad dominicana “La fe en el porvenir”, “Mi ofrenda a la patria”, “Ruinas” y “Gloria del progreso”
b) El Sentimental, caracterizado por su apego a la naturaleza y a la familia, “En horas de angustia”, “Mi Pedro”, “La llegada del invierno”, “El ave y el nido”
c) El Indianista, corriente literaria a la cual recurre al momento de exaltar a la raza indígena quisqueyana exterminada por los conquistadores españoles desde los primero años de la colonización (Anacaona). Por su espíritu patriótico y por la sencillez, la pureza y la corrección de sus versos, Salomé Ureña ocupa un lugar de primacía en la historia de la poesía dominicana. Murio en santo domingo el 6 de abril de 1897.

Fuente

  • Contin, Pedro (1943). Antologia de la Poesia Dominicana.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Poemario de Alfonsina Storni

.Alfonsina Storni
Argentina, 1892-1938
Poeta y escritora feminista del modernismo. Escribió obras de teatro y poesía en las que se podía notar su tendencia feminista, buscando la igualdad entre el hombre y la mujer. Su producción literaria está marcada por dos etapas, la primera Romántica y la segunda de corte más reflexivo. Entre sus obras se destacan “La inquietud del rosal” y “Mundos de siete pozos”



poesía


Soy

Soy suave y triste si idolatro, puedo 
bajar el cielo haSta mi mano cuando 
el alma de otro al alma mía enredo. 
Plumón alguno no hallarás más blando. 

Ninguna como yo las manos besa, 
ni se acurruca tanto en un ensueño, 
ni cupo en otro cuerpo, así pequeño, 
un alma humana de mayor terneza. 

Muero sobre los ojos, si los siento 
como pájaros vivos, un momento, 
aletear bajo mis dedos blancos. 

Sé la frase que encanta y que comprende 
y sé callar cuando la luna asciende 
enorme y roja sobre los barrancos.



ESTA TARDE

Ahora quiero amar algo lejano...
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que haya habido mujeres infinitas


Y sepa de otras tierras, y florezca
La palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento...

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor... Toda la tierra
Está cantando dulcemente... Lejos
Los bosques se han cargado de corolas,


Desbordan los arroyos de sus cauces
Y las aguas se filtran en la tierra
Así como mis ojos en los ojos
Que estoy sonañdo embelesada...

Pero
Ya está bajando el sol de los montes,
Las aves se acurrucan en sus nidos,
La tarde ha de morir y él está lejos...
Lejos como este sol que para nunca


Se marcha y me abandona, con las manos
Hundidas en las trenzas, con la boca
Húmeda y temblorosa, con el alma
Sutilizada, ardida en la esperanza
De este amor infinito que me vuelve
Dulce y hermosa...




Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,


Porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:


Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:


Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!

Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar! ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,


Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,


¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele


La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.

Acércate, poeta; mi alma es sobria,
De amor no entiende -del amor terreno-
Su amor es más altivo y es más bueno.
No pediré los besos de tus labios.
No beberé en tu vaso de cristal,

El vaso es frágil y ama lo inmortal.
Acércate, poeta sin recelos
Ofréndame la gracia de tus manos,
No habrá en mi antojo pensamientos vanos.
¿Quieres ir a los bosques con un libro,


Un libro suave de belleza lleno?
Leer podremos algún trozo ameno.
Pondré en la voz la religión de tu alma,
Religión de piedad y de armonía

Que hermana en todo con la cuita mía.
Te pediré me cuentes tus amores
Y alguna historia que por ser añeja
Nos dé el perfume de una rosa vieja.

Yo no diré nada de mí misma
Porque no tengo flores perfumadas
Que pudieran así ser historiadas.

El cofre y una urna de mis sueños idos
No se ha de abrir, cesando su letargo,
Para mostrarte el contenido amargo.
Todo lo haré buscando tu alegría


Y seré para ti tan bondadosa
Como el perfume de la vieja rosa.
La invitación esta, sincera y noble.
¿Quieres ser mi poeta, buen amigo,
Y sólo tu dolor partir conmigo?

Me levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores: bajé a los jardines
Y besé las plantas
Absorbí los vahos limpios de la tierra,


Tirada en la grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
Circundan. Más tarde, mojados de agua
Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
Con zumo oloroso de diamelas. Garzas


Quisquillosas, finas,
De mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve


Que la misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo


Mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
Fijos en la verja.

El reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
Comedor en sombra; manos que aprestaban
Manteles.

Afuera, sol como no he visto
Sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos,
Fijos. Te esperaba.

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.


Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita

Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,


Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.


Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines


Negros del engaño
Vestido de rojo
Corriste al estrago.
Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía

Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),


Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!
Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;


Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos


La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;


Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros


Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto


En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,


Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.

Mi corazón es como un dios sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,

Que todo amor lo conocí con mengua.
He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,

Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.
Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,

Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.
¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?


Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.
¿En dónde está el espíritu sombrío

De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
He sentido el otoño; sus achaques de viejo


Me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
Que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas.
¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas


En plena primavera para brindarme nieve
Y mis manos se hielan bajo la presión leve
De cien rosas azules sobre sus dedos muertas.

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
Castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
Pone manchas de oro, tal como en primavera,
Y ríe en la ensondada profundidad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito
Con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la pálida muerte que me ofrece sus bodas
Y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo! ¿Cómo esta forma humana
Que costó a la materia tantas transformaciones
Me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
Y me brinda la noche casi en plena mañana?

Alfonsina storni

martes, 25 de noviembre de 2014

Día internacional de la NO violencia contra la mujer.



                         Hoy se conmemora el 5to aniversario del asesinato de Patria,Minerva y María Tereza          Mirabal,25 de Noviembre,1960  por su postura  firme,contra la dictadura de Trujillo


Las Hermana Mirabal
          

viernes, 21 de noviembre de 2014

Los criminales nunca cumplieron condenas, porque fue la mano del satrapa, Trujillo que ordeno la accion


                                                 El velatorio de las Hermanas Mirabal, al estilo
                                                                  de la época, en su hogar

                                            Parte de los sicarios que le dieron muerte a esta
                                                                       tres patriotas

Un aniversario mas del crimen contra las tres Hermanas Mirabal,Patria, Minerva y Maria Teresa.Asesinato cometido por la dictadura de Trujillo, el 24 de Noviembre,1960










Versos del Ocaso



Esta tarde
copiosa de ti,
he visto la piel 
del alma,
Entonces 
en el océano
de tus besos, nadan  
aromas y huellas
inclinados entre labios
subterráneos de pasiones

En estos lluviosos versos
se rejuvenece la tarde
 abrasada de calor

Te vi caminar
sobre los acantilados 
de
mis pensamientos. 
Como siempre,
 girando en los latidos del alma
donde posan 
girasoles 
 Tu,
Amor, amaneciendo
En la madrugada
de la tarde
Linda, acaricia
esta voz de miel
Y versos trilladores
de banderas
 donde respiran
alboradas 
Salpicada de sol
en lluviosos
silencios de pasiones
Aquí te espero
Sentado en la cintura
del deseo…

Autor:

Ramón Danilo Correa
14 de Febrero, 2013

Nota:
Todos los derechos reservados

Eres mi ancla




Estoy aprendiendo a mirarte con tus frondosos ojos
quiero besar  lágrimas del desierto entre tus manos
para de esa manera peinarla 

Dormiré arropado con tus pestañas alfombradas entre claveles
asi, sentir  latidos de tu evangélica alma
y lamer el sonido  acampado en tu crisol

Ahora soy feliz, porque puedo caminar entre tus huellas
Puedo, subir la montana del lago, y llegar hasta el pensamiento
de tus ojos

A veces acostumbro viajar en las profundas corrientes, transito al 
centro de tus bosques, dime si en los poros de las estrellas encontrare 
 clorofilas  purificadoras entre siluetas de  hojarascas 

Amor, nunca te alejes de mi otoño
Porque trotando yo, en la infinita carretera sembrada en pétalos de girasoles 
encontrare aquellos besos humeantes. No importa, aquí te espero
  en el malecón, sentado en una esquina de tus labios



Autor:

Lic. Ramón Danilo Correa
27 de Diciembre, 2011

Nota:
Este poema, esta protegido por la oficina del derecho 
de autor, de la República Dominicana

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Refugiado en el lodo de la muerte









Cuando la cara del humilde
queda maquillada por el lodo
el hambre luce tímida
tras el paso del huracán o la

 tormenta que se llevó
su alegría encaramada en vientos
y sus mudas voces
en contaminadas aguas
ahogadas
en el escandaloso
 silencio democrático…


Estos
huracanes y tormentas
tiranas
que nos besan
con su boca
ensangrentada
de pétalos y mar
con su manto
gris relampagueante
oscurecen
las tenues primaveras
de esta madrugada
sin abrigo….
Porque
Ellos
Con su cobarde furia
desalojan
los bohíos y casuchas
de los oprimidos del trueno
caribeño y latinoamericano…

Ellos
Si ellos
los residentes en el olvido
lo que en cada verano
abonan la espina del poder

con sus podridos llantos de muertes
sepultados en las cuentas bancarias
en dólares y euros de los discípulos
huracanados
lo sin rostros

carentes de históricos apellidos
comprometidos con el saqueo del Caribe
y la trenza Americana

Como en otras demacradas comunidades
enraizada en el famélico crisol
paraguas de enamoradas lluvias
rumbas de holocaustos caribeños

Estamos ubicados en el
ojo del cíclope del tiempo
y también del bloqueo injusto
que pisotea aquel faro ultramarino de 

esta frondosa hermana nación
unidas formamos tropicales malecones
República Dominicana, Haití, Cuba, Puerto Rico
Jamaica, y demás islas que 
conforman las Antillas Menores

Aquí
la muerte
sabe a viento
lluvia
en bocanada
de dolor
empapada
de
promesas
ladridos
huracanados
de políticos
que se enriquecen con
la solidaridad internacional

Estos temporales
ventarrones
solo
tumban famélicas caderas
de palmas, sembradas
en el alma miserable de mi tierra
Caribeña y latinoamericana…


Autor:
Ramón Danilo Correa
Lunes 08, Verano, 2008

martes, 18 de noviembre de 2014

Ojos entre lamparas




Ojos entre  
lámparas

Te escribo
estos versos
para que algún día
Sean leídos por tus
Ojos despiertos en 
 mi cara

Mami,
preciosa lámpara,
en ellos te pido
cubrir tu cuerpo
oceánico y tenues
de letras  con  acentos
anaranjados 

tus ojos se tragan
mis versos y vomitan
mis faltas
 y
 tu boca saborea
 mieles crucificadas


Son párrafos
que arden. Llegan brincando
lagrimas y saltando 
espinas ortográficas

Sabes linda
mujer,
espero que al leer
este mi soliloquio
puedas luego 
dormir 
abrazadas
a esta pagina
entre tu abecedario
de luciérnaga

En ti,
Eva
crece preñada
de vida, bajo la sombra de
estas palabras  vestidas de una
noche sabatina…

Autor:

Ramón Danilo Corre
01de Enero, 2012
Nota:
Todos los derechos reservados, según leyes
de la Republica Dominicana

Gracias, a tu ayer






Déjame pensar en los corales encrespados de soledad, quiero verter mi triste océano en sudoroso estigmas, en la aurora del reloj tampoco deseo que pienses en aquellos segundos cuando  nos mecíamos en la trenza del deseo que nos esclavizó sin darnos cuentas.

Que cobarde fui al dejar volar esa incendiada tarde, sin un después, con tus rabias sin filos cortaste la sed de este  amor, oriundo del bosque y la esperanza de volver ati, sin almanaque de llegadas    hasta tus alamedas

Linda, déjame silenciar esas lágrimas que surcaron tu ayer
Tu tan lejos, mi vida, donde viven las golondrinas, pero no importa, falta poco tiempo para llegar el ayer, sabes, espero abrir mi quimera y llenarla de tu lejanía, no me hagas caso, es que estoy pensando en nuestro barrio lluviosos en tu boca y en mi cristo sin puerto. Siento vergüenza por la MORENA ,una elegante y noble dama de la miel y el susurro….

Linda, ahora que no esta, ahora que la culpa es solo mía, ahora que las palmeras crecieron entre tu y yo, como para amurallar la alegría del ruiseñor y su plumaje de  mentira. Como tu acaricias en las madrugadas  esta alma  vulcanizada, quiero que  seas feliz aunque sea en los extranjeros brazos de un a dios sin regresos

Hoy es día sin ti, y salgo al patio del olvido y entro de repente por las lloviznas del Sol, que respiran en la piel de un sueño alegre que yo he vivido, junto ati, linda mujer, dama de la honestidad, gracias por dejar que la utopia me dejara besar las huellas de tu amor, y de esa manera acaricié la geografía de tu vanidad de mujer.


Autor:
Lic. Ramón Danilo Correa
Miércoles, 03 Otoño, 2010

Este trabajo poético, esta protegido de manera integra, por las leyes dominicanas, en la oficina del derecho de autor.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Vientos de Mariposa







Mariposa es la mujer de las miradas

rejuvenecida  y anquilosada

en el mapa de la piedra

Tu eres, una dama de una sola primavera,

de un amor, acariciado por sus labios girasoles



donde tu has quedado abrasada por

mis músculos y  temporales

Como no caminar

entre  callejones

y lamparas

en una habitación

de tu piel, besada en jaque-mate

para bailar esas utopías reflejadas

en tus faroles

Eres una verde luciérnaga

arrodillada solo en tus versos

cuando construimos aquel silencio

sin idiomas

Dama, cuyos ojos

reflejan

siluetas,salivas y olas

rejuvenecidas de tu acantilado

Yo no seré

nunca el cantor

de otras guitarras,

usare tu garganta

para entonar el himno

de alegría que sembramos

en las pupilas de aquel

oxidado chevrolet,

abandonado

en la pradera,

donde se levantaba el Sol,

cuyos ojos dormitados

en dos siluetas

desnudas de verano

Mariposa

en tus ojos

descalzos

duermo, sin reloj

ni almohada

solo arropados con las pestañas

del viento.

Sabes, Mariposa, me gusta que siempre

me preste

tus faroles, para dormir y así soñor tus sueños

Nosotros nos amamos,

y por eso las algas marinas

van de rumba, en los pétalos

de lágrimas del mar

que hoy se visten de

Mariposa

Autor:

Ramón Danilo Correa

02 de Primavera,2011

Todos los derechos de este poema, están protegidos, por la oficina

de derecho de autor, según leyes de Republica Dominicana

Poematica del tiempo