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sábado, 8 de agosto de 2015

Profundizar el pensamiento poético, entre las rodillas del debate




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      Aida Cartagena Portalatin


Una Mujer está Sola

Una mujer está sola. Sola con su estatura.
Con los ojos abiertos. Con los brazos abiertos.
Con el corazón abierto como un silencio ancho.
Espera en la desesperada y desesperante noche
sin perder la esperanza.
Piensa que está en el bajel almirante
con la luz más triste de la creación
Ya izó velas y se dejó llevar por el viento del Norte
con la figura acelerada ante los ojos del amor.
Una mujer está sola. Sujetando con sus sueños sus sueños,
los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.


Seria y callada frente al mundo que es una piedra humana,
móvil, a la deriva, perdido el sentido
de la palabra propia, de su palabra inútil.
Una mujer está sola. Piensa que ahora todo es nada
y nadie dice nada de la fiesta o el luto
de la sangre que salta, de la sangre que corre,
de la sangre que gesta o muere en la muerte.
Nadie se adelanta ofreciéndole un traje
para vestir una voz que desnuda solloza deletreándose.
Una mujer está sola. Siente, y su verdad se ahoga
en pensamientos que traducen lo hermoso de la rosa,
de la estrella, del amor, del hombre y de Dios.


Víspera del Sueño

Tierra se hará silencio,
risa no harán los hombre para que me hagan eterna,
llanto no harán las piedras para que me hagan arena.
Mi sangre se ha herido y se parece al fuego,
abísmate en olvido, sueño alma tu sueño,
la luz es solo sombra,
es víspera del sueño.

Nieve se irá al cielo y vestirá la luna,
se talarán los bosques para que la desnuden.
sabrá a dulzura la raíz de la hierba.
Amor:
los ojos de la luz quemarán sus pestañas;
te soñaré a mi lado,
en víspera del sueño.

Mundos de pies cansados,
descansarán. La sed de los recuerdos
tendrá lluvia de olvido.
Mi lecho se hará muelle sobre los cardos agrios;
soñaré con espigas,
es víspera del sueño.

Bocas querrán hablar
y no tendrán palabras.
Las piedras tendrán lenguas,
la arruga de la arena será tapiz de algas;
los mares serán mármoles;
soñaré en sus costales,
en vísperas del sueño.

El Tiempo
desde el cuerpo del Sol
con temblor de ceniza
ha reído a los hombres.
Cielos, mares, tierras.
Nacer, vivir y morir.
Los astros tienen sueño,
soñaré con los astros:
es víspera del sueño.


De la Ausencia Tuya

Ausencia tuya nunca ha estado sola:
tu recuerdo es el pasaporte de mis viajes.

si tu ausencia fuera la ausencia de los otros,
y te presintiera como estrella lejana, vacilante,
entonces, no sería tu ausencia la ausencia,
sería el dolor de la muerte.

Tu palabra fué más que una palabra
y te hice ídolo en mi templo en llamas,
donde estaremos hasta siempre... la muerte!

Si tu ausencia no se hubiera eternizado,
como una luz o una sombra,
yo no estaría ausente.
En un continuo viaje iría hacia tí,
persiguiendo tu presencia.




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Victor Villegas

Como naciendo aún

He amado demasiado.
Pido perdón. Y punto.
He llorado demasiado.
Pido perdón. Y punto.
Amado y llorado con el
corazón ajeno,
con los ojos de los que en mí encendieron
la lágrima sencilla que fui desparramando
por el pueblo.
Está como naciendo aún
el pájaro caliente entre mis venas.
Asoma por mi piel su pequeña cabeza:
el mismo antiguo espanto de la tierra
asolada!
Mejor,
desde este instante,
pido perdón más allá de la muerte.



inflando la poesía dominicana en la esfera transatlántica, se anunció en el III Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo en octubre del 2011. Al mismo asistieron los directores españoles de La Estafeta del Viento[1], la colección de poesía hispanoamericana a la que pertenece la antología: La poesía del siglo XX en República Dominicana, de la edición de los poetas dominicanos José Mármol y Basilio Belliard. Mármol es quien presidió el comité que organiza dicho festival, mientras Belliard figuraba como miembro junto a otros poetas del carril de la cultura oficial: Mateo Morrison, León Félix Batista y Plinio Chahín,quienes también aparecen en esta antología.

La mayoría de poetas que recibieron por escrito la notificación de su participación en el proyecto antológico se enteraron sorpresivamente de su exclusión, el 5 de noviembre del 2011, justo cuando salía al mercado la tan esperada antología. Estanoticia fue divulgada por medio de una de las redes sociales virtuales más concurridas a través de la página del poeta León Félix Batista, quien dio a conocer la portada de la antología y el listado de quienes la conforman.[2] Desde su aparición, la misma estaba siendo recibida sin objeciones, al menos por escrito. Dos días después, me percato de este anuncio y solicito el esclarecimiento en cuanto a si la lista publicada reflejaba el completo número de poetas. Batista accedió a confirmar que en efecto, ésta era la nómina escogida para representar la poesía dominicana del siglo XX. El actual director de la Editora Nacional era una de las excepciones que disponía de un ejemplar de la reciente publicación y reconoció a título personal que faltaban poetas imprescindibles. 

Fue así que expuse abiertamente mi crítica hacia los editores: “Me atrevo afirmar sin temor a equivocarme que Mármol y Belliard nos defraudaron, por no cumplir con la responsabilidad y el compromiso que se les puso en las manos” (Nov. 7, 2011). La compilación dejaba entrever con el simple dato de la selección, que había sido producida bajo parámetros extraliterarios: “Qué pena que por cuestiones políticas o personales se le haga tanto daño a la poesía dominicana incurriendo en grandes omisiones en un proyecto de tanta importancia” (Ídem). Tales comentarios causaron revuelo, surgieron opiniones disímiles que usualmente florecen cuando se emite una crítica en detrimento de los intereses del tan adulado círculo al que pertenecen los editores por temor a represalias en el ámbito cultural. 

Criticar sin dobleces la selección de poetas para este corpus textual no fue un acto apresurado. La ausencia de poetas con obras de significante valía para la poesía dominicana brillaba ante un conglomerado de funcionarios y miembros del poder político — incluyendo a la oposición— que frecuentemente acaparan el parnaso de las letras en los principales eventos de carácter literario. Estas afirmaciones también fueron basadas en el conocimiento previo de cada uno de los volúmenes de la colección La Estafeta del Viento que establece como su parámetro inicial: lo esencial de la poesía en la pasada centuria del país en cuestión. 

Este hecho, de entrada, descarta el argumento de que éste sea un trabajo de carácter personal y aislado. Es decir, que el criterio para elegir las obras y/o poetas no debió de basarse en el simple “reflejo” de las preferencias estéticas de los antólogos sin el más sesudo ajuste a métodos basados en la investigación literaria.[3] Tales procedimientos debieron de generar la justificación de las obras escogidas como representantes de lo más notable y brillante de la poesía del siglo XX en la República Dominicana. En mi segunda intervención, el 9 de noviembre del 2011, sin ambages expuse algunas preocupaciones con respecto a la estrategia empleada que dio lugar a tan desconcertantes desenlaces: 

1-La ausencia de poetas imprescindibles en la poesía dominicana del siglo XX como por ejemplo: Aída Cartagena Portalatín, Antonio Fernández Spencer, Víctor Villegas, Martha Rivera, José Alejandro Peña, Manuel García Cartagena, César Augusto Zapata, Pastor de Moya, Aurora Arias, Sally Rodríguez, Carlos Rodríguez, entre otros/as.

2-La Participación en la antología de poetas que no pertenecen a la poesía del siglo XX.[4]
3-El injusto número de mujeres poetas participantes. De una selección de veinticinco poetas, sólo tres son mujeres y, por los ejemplos citados, la poesía dominicana cuenta con obras de mujeres poetas de igual o mayor relevancia en comparación a los hombres que figuran.

4-La autoinclusión de los encargados del proyecto como poetas, caso al parecer único en relación al resto de volúmenes de los otros países hispanoamericanos dentro de esta colección. Generalmente, quienes hacen la labor de compilación son a su vez poetas y no realizan esta práctica, lo que en el caso de Mármol y Belliard muestra un afán de acaparar doble visibilidad dentro de la antología. En el mejor de los casos, estos lugares pudieron haber sido ocupados por quienes poseen obras de más importancia para la poesía dominicana.

Es importante documentar algunas de las opiniones que en un inicio se formularon públicamente y que de alguna manera causaron el debate que ocupa escenario en la prensa nacional. Estos comentarios surgieron por escrito desde las mismas entrañas de las redes sociales virtuales donde los habituales intereses políticos o económicos de los medios de comunicación convencionales no obstruyen el ejercicio de la crítica, más que la autocensura que el propio sujeto pueda imponerse. De este modo, quienes conforman estas comunidades virtuales representarían lo que la teórica y crítica literaria Gayatri Spivak[5]expone en su estudio sobre las posibilidades de articulación desde la subalternidad. 

Estas plataformas virtuales se convierten en medios de inclusión a la narrativa de grupos sociales que no tienen acceso a publicar en la prensa convencional. Esta última, mayormente responde al estatus quo y no ofrece la democratización con la que estos medios alternativos operan: otorgando voz a grupos sociales excluidos. Por lo tanto, me parece acertado traer a la superficie aquellos desafíos señalados en el foro virtual armado en torno a la recepción de la antología por un sector de escritores,[6] puesto que ilustran nudos que desataremos en dirección a comprender por qué lo político se antepone a lo poético en este ejemplar sobre la poesía dominicana del siglo pasado, incluyo además, mi tercera intervención en el debate: 


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