Domingo Moreno Jimenes
POSTUMISMO. Movimiento literario aparecido en Santo domingo en 1921. El Postumismo cambió radicalmente el sentido del discurso poético dominicano. A partir de éste se comenzó a hablar de poesía dominicana tradicional y de poesía dominicana moderna, debido a que los postumistas pusieron en práctica una nueva forma de poetizar la realidad dominicana. El Posumismo ha sido definido por los mismos postumistas y, también, por sus detractores. Domingo Moreno Jimenes, iniciador y líder prin-cipal del grupo, lo interpreta como "una actitud del espíritu expresada por medio de un acento emocional, en oposición al acento periódico". En Domingo Moreno Jimenes: apóstol de la poesía, José Rafael Lantigua expresa que "el Postumis-mo es fuente creadora, manantial de convicciones claras, quizás no muy precisas, pero sí evidentemen-te diáfanas. Nada de ocultamientos, ni de malabarismos. Creación hacia un fin determinado, con el que da la naturaleza misma". Baeza Flores, por su parte, lo concibe como: "Liberación a través de la autenti-cidad de la expresión propia". "El Postumismo descubre de un modo amplio, por primera vez, la tierra dominicana, el sentido racial y el sentido mor-fológico de nuestra realidad. El realismo no está ahora determinado por unas normas preceptivas ni por modelos a los cuales hay que ser fiel, sino por el impulso del alma del poeta en contacto directo con la realidad nativa". El Postumismo apareció en marzo de 1921, cuando la revista Cuna de América, bajo el título de Postumismo, dedicó un número completo a la divulgación de un conjunto de poemas que se apartaban radicalmente de las normas y los patrones vigentes del quehacer poético dominicano. Seis años después, en 1927, apareció la revista El día esté-tico, órgano de difusión del grupo. La reacción de los intelectuales de entonces fue inmediata pues sintieron que ese "po-zo negro de la poesía dominicana", como irreverentemente denominó Patín Maceo al Postumismo, además de cuestionar la castidad y la pureza de la poesía que se había escrito en el país, ponía en peligro el futuro de las letras nacionales. En el mismo año l92l, en el prólogo a su primer poemario titulado Fantaseos, Andrés Avelino dio a la publicidad el manifiesto postumista preparado por él. El documento, de unos veinte postulados, anun-ciaba, según los postumistas, la ruta que debía seguir la poesía dominicana a partir de ese momento. A pesar de que en el primer número de El día estético aparecieron los nombres de Vigil Díaz, Francisco Ulises Domínguez, Federico Lora, Luis Mota y Tulio Pina, el Postumismo creció alrededor de tres figu-ras claves: Domingo Moreno Jimenes, Rafael Augusto Zorrilla y Andrés Avelino, quienes se reunían en la Colina Sacra, nombre con que fue designado el hogar de Domingo Moreno Jimenes, a discutir los planes de trabajo e intercam-biar sus escritos. Los enemigos del Postumismo fueron implacables con los postumistas y se propusieron la inmediata destrucción del grupo. Para lograrlo, alimentaron con sarcasmo e ironía soterrada, la idea de que More-no Jimenes era el Sumo Pontífice de los postumistas, mientras que Zorrilla y Avelino eran apenas Pon-tífices. Eso, como era de esperarse, causó malestar y aumentó los conflictos que ya se reflejaban en el grupo antes de cumplir el primer año. El primer aniversario fue celebrado con una bebida especial preparada por ellos mismos hecha a base de agua de coco, jengibre y leche condensada, que bautiza-ron con el nombre de lacto-palma y que tomaron acompañada de exóticas comidas y dulces de pétalos de rosas. Al concluir dicho acto lanzaron al aire todos los pétalos de rosas restantes. Después de la celebración del primer aniversario, los postumistas fundadores comenzaron a distan-ciarse entre sí, y a los ataques de sus detractores se sumaron contradicciones estéticas y problemas de liderazgo. Zorrilla, que nunca exhibió grandes dotes poéticas, murió en l937, dejando una obra breve y de cuestionable valor literario. "Dos años antes de su muerte varios integrantes de La Cueva, dirigidos por Rafael Américo Henríquez, emprenden una cru-zada para alentarlo en su soledad otorgándole el título de Sumo Pontífice, tras arrebatárselo a Moreno Jimenes". Por su parte, Andrés Avelino, interesado en cambiar el curso de su poesía, intentó crear otra tendencia poética: la Poesía matemática. El nuevo proyecto de Avelino pereció rápidamente y su afirmación de que "la poesía matemática era esencia del Postumismo" fue rechazada inmediatamente por Moreno Jimenes. De los tres sólo Moreno Jimenes continuó los lineamientos poéticos postumistas. Para de-sarrollar un amplio y ambicioso programa de difusión de sus ideas innovadoras Moreno Jime-nes se apoyó en el acápite marcado con la letra G del manifiesto postumista, que dice: "Los poetas no seguirán siendo seres privilegiados y desconocidos de la multitud, camino del ensueño, sino seres videntes, camino de la verdad, pensadores y filósofos". Con esa convicción y el título de Sumo Pontífice, Moreno Jimenes inició una larga caminata que lo llevó por casi todos los rincones del país. De ese modo el Postumismo se convirtió en un movimiento de amplia difusión y ganó seguidores en todo el ámbito nacional. A partir de entonces Postumismo y Moreno Jimenes se convirtieron en sinónimos. Los postumistas no lograron íntegramente los objetivos de su extenso manifiesto debido al poco tiempo de unidad del grupo y a las limitaciones artísticas de sus integrantes. El rechazo a la tradición poética anterior y el interés de desligarse de todas las manifestaciones literarias son solo dos de los muchos obstáculos que impidieron la proyección internacional del Postumismo. Al respecto, señala Alcántara Almánzar, los postumistas "desconocieron los valores cimeros de la literatura universal, a consecuencia de haber utilizado una perspectiva demasiado estrecha. El desdén por las obras de Homero, Shakespeare, por ejemplo, no era más que el resultado de una actitud equivocada ante la complejidad y riqueza de la cultura, para la cual no existen límites geográficos ni regiones totalmente cerradas a la influencia externa. Cuando el postumismo afirma que -América debe superar a la Europa-, olvida la importancia de la tradición" (Estudios de poesía dominicana, 110). Las críticas mal intencionadas y el menosprecio de la élite intelectual dominicana han in-tentado sepultar el aporte del Postumismo. Pero muchos de los que lanzaron las más agudas críticas a ese grupo de revolucionarios de la poesía, luego se han retractado. Incháustegui Cabral apunta: que "los que negaron el agua y la sal a los postumistas aprendieron que el verso amorfo era una especie de monstruo medio prosa medio verso y que allí, a pesar de todo, podía llover poesía" (De literatura dominicana siglo XX, 42). Con el paso de los años el Postumismo ha sido reconocido como el salto más importante que ha dado la poesía dominicana a la modernidad. Así lo confirman los siguientes juicios críticos: a) "Todavía no nos cansamos de admirar a Domingo Moreno Jimenes, quien tuvo la osadía de incluir por primera vez en la poe-sía culta dominicana elementos de nuestro diario vivir teñidos de correspondiente color criollo" (De literatura dominicana siglo XX, 42); b) "Los postumistas rompieron con el verso de medida pareja, con las combinaciones aceptadas en las medidas dispares, con la colocación de los acentos que se consideraba buena, con las estrofas hasta ese momento usuales, y con la rima. Renegaron a las posibles ordenaciones de versos que hubieran logrado pasar y en general con todo lo que ya era tradicional en la manera de trovar" (Literatura dominicana 60, 105-106); c) El Postumismo "trae grandes cambios a la poesía dominicana enriqueciendo su temática y afanándose en redescubrir nuestra realidad ambiental, reflejándola en un estilo desacostumbrado" (Antología panorámica de la poesía dominicana contemporánea, 50); d) "No obstante sus fallos, el Postumismo ofrece ciertos criterios vigentes en la poesía contempo-ránea universal. La afirmación de que no existen vocablos poéticos, para comenzar, es uno de sus aciertos loables" (Estudios semióticos de poesía dominicana, 28) Moreno Jimenes también contribuyó a la formación del grupo La Poesía Sorprendida; pero pronto entró en contradicción con los sorprendidos quienes habían iniciado una campaña de desprestigio contra él. Lo acusaron de poeta localista, pobre de imaginación y poco diestro en el manejo del lenguaje. Las contradicciones entre Moreno Jimenes y los sorprendidos surgieron por la forma que tenía el grupo naciente de concebir la obra artística, pues mientras Moreno Jimenes luchaba por una poesía nacional, esencialmente dominicana, los sorprendidos abo-gaban por la universalización del arte. Sin embargo, los sorprendidos no pudieron obviar el legado postumista; pues si bien es cierto que éstos tuvieron una visión poética más amplia que los postumistas acerca de la problemática del hombre dominicano, las raíces de su poesía procedían justamente del mismo grupo que ellos combatían. Manifiesto postumista Cuatrocientos y más años han sido suficientes para un período de gestación en esta media parte del mundo. "Juventud divino tesoro, tenéis la palabra; ahí está el porvenir. La América debe superar a la Europa". A) Porque no podemos seguir siendo súbditos de una aristocracia intelectual que no nos pertenece. La verdadera aristocracia la lleva el pensador en el cerebro. Debemos tan sólo ser aristócratas de nuestra democracia. B) Los mármoles de Paros y de Corinto no se han hecho para nuestras estatuas. No tendremos en nuestros calderos surrapa de Verlaine ni Mallarmé, de Tristán ni de Laforgue. Homero y Virgilio, Goete (sic) y Schakespeare (sic) no serán más que divinidades que respetaremos, soles apagados que no nos iluminarán. Hemos levantado la estatua con el barro grotesco de nuestra América. Si acaso caen chaparrones que nos la deformen nos queda mucho barro, mucho barro que es nuestro ideal universalizado. Continuaremos modelando la estatua aunque tenga más espejos donde mirarse que en el del cristal de las charcas. C) Vida sincera e íntima, arte autónomo, para abrir las talanqueras que nos ha separado del infinito. D) De todo lo inutilizable haremos un símbolo, un solo símbolo, y de todos los simbolistas un fósil. La luna con los simbolistas será también un símbolo fosilizado. E) Seremos humanamente eternistas. Con un solo Dios, nuevo, sub-panteísta, que a cada quien permita buscar su religión por sí mismo. Por nuestra ruta no olvidaremos el Corán y la Divina Comedia, la Biblia y el Quijote. F) Todos tendrán el mismo derecho a vivir su momento artístico, lo mismo la dama de la quinta florida, que el galán con chamarra, el labrador, el jornalero. G) Los poetas no seguirán siendo seres privilegiados y desconocidos de la multitud, camino del ensueño, sino seres videntes, camino de la verdad, pensadores y filósofos. H) No reconoceremos vocablos poéticos. Toda palabra es bella cuando está bien escrita; todos los actos de la vida bastan que sean reales para ser artísticos; gran artista es aquel que más fiel interpretación nos brinda de esos actos. La bella mentira de Oscar Wilde desapareció con su muerte: un tronco carcomido jamás retoñará porque le injerten ramas de hojas verdes. La materia poética es creación. Nuestra belleza de sombra y luz será la belleza del futuro. I) Sofrenaremos la imaginación con las bridas de los sentidos. J) Reaccionaremos a la vez contra el romanticismo de Hugo y contra el realismo de Balzac. Pero nada de malabarismos estéticos ni musicales. Rubén Darío ha muerto. Cada acto debe ser una palabra escrita y la belleza emocional de ese acto: ritmo y ese ritmo música. Reaccionaremos también contra los ultraitas, futuristas y creacionistas que pretenden en "acrobacia azul" y sobre grupa de aeroplanos ir a conquistar un más allá escondido tras las nubes. K) Descartaremos las extravagancias del decir y tan sólo daremos cabida a las sutiles. L) Forma y fondo y fondo y forma serán una misma cosa ya que nuestro acento emocional permite una mezcla igual de idea y de emoción. M) Amar lo mismo los hombres que a las cosas. Una piedra blanca podrá rivalizar con una mujer rubia. Una muñeca de trapo podrá ser la dulce compañera de nuestras noches de insomnio. N) Mucha elevación psíquica sin llegar al misticismo. Serenidad mucha serenidad sin trascender la serenidad estoica. Niño y anciano, apóstol y asceta a la vez. Ñ) Representación natural de los sonidos como ley (sic) motiv. Parquedad en los semitonos, melodías cortas individuales no mayores de dos tiempos. Supresión de calderones kilométricos. Armonías generales obtenida con la inarmonía de las melodías cortas. O) Menos ritual en el arte pictórico, ni la majestad de la Gioconda ni la mofa del impresionismo. Triunfo de la luz sobre el color de los paisajes. Magnitud esencial del motivo en el fondo de los cuadros, objeción y represen-tación de las cosas. P) Dominio de las líneas escultóricas. Vibración conjunta de músculo y cerebro. Dinámica subjetiva de los actos. Q) En esta era de sectas literarias, se hará una sola momia de todos los críticos. Los certámenes y las exposiciones serán temporalmente anulados. Cada obra se perpetuará por sí misma. R) Un clamoreo de clarines y tambores modifica la belleza del momento. Son los iconoclastas de los viejos moldes que vociferan su último salmo en el templo de la vida. S) Juventud de América, préstanos tu brazo para extender el índice hacia el horizonte de los siglos. |
Es un espacio, cuya difusion de trabajos culturales, pero con una especial focalizacion en el marco de la poetica, como instrumento de educacion y fortalecimiento a la formacion politica, social y romantica, como seres humanos que convivimos en espacios compartdidos de dolores y preocupaciones en el desarrollo de la humanidad, sobretodo en el concepto de pais, acampado en el rostro historico de los esfuerzos por levantarnos y volver a caminar en el crisol de la libertad.Republica Dominicana
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lunes, 14 de enero de 2013
Representantes del Postumismo
jueves, 10 de enero de 2013
Enero, calendario de la Patria
Los heroicos muchachos
de la resistencia
en el kilómetro 14 de la
Autopista Las Américas,
aquel 12 de Enero, 1972
enfrentaron miles dragones,
hojarascas del humo
Ellos
nacieron en el alma del polen
enraizado de la Patria,
Amaury Germán Aristy,
Virgilio Perdomo Pérez,
Bienvenido Leal Prandy
y Ulises Cerón Polanco.
Pisadas del ejemplo,
Sublime Flora
donde el plomo
y el canto
de jilgueros
arrodillaron
la muerte.
Abrigo
del miedo,
encuentro resplandeciente
del honor
Amaury Germán Aristy,
Virgilio Perdomo Pérez,
Bienvenido Leal Prandy
y Ulises Cerón Polanco,
estatuas y perennidad
del sacrificio, ondeado
en la piel de las Américas…
Jamás
la República Dominicana,
había crecido encima de los
hombros
de las palmas
en armas
Contra jauría y manada
de
remolinos
corruptos y míseros
de
dignidad
gloria eterna
a Los Palmeros
sembrados en el vientre
de la bandera nacional
Lic. Ramón Danilo Correa Cuevas
Miembro del Colegio
Dominicano
de Periodistas (CDP),C 3-155
10 de Enero, 2013
NOTA: “Como ofrenda a los
combatientes, resistiendo a fuerzas
militares y policiales, del régimen fascista
del criminal presidente de la época,
Joaquín Balaguer. Estos Jóvenes intelectuales
del movimiento revolucionario
patriótico, se revelaron, contra la política de impunidad
de este remanente trujillista (Balaguer)”
Los derechos reservados en todas sus partes,
por la oficina de derecho de autor, según
leyes dominicanas
miércoles, 9 de enero de 2013
Jose Marti
Jose Marti, poeta, héroe y mártir por la indepencia de la República de Cuba
Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El coraz�n con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.
Versos Sencillos
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.
Yo s� los nombres extra�os
De las yerbas y las flores,
Y de mortales enga�os,
Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros
Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
Con el pu�al al costado,
Sin decir jam�s el nombre
De aquella que lo ha matado.
R�pida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murio el pobre viejo,
Cuando ella me dijo adi�s.
Tembl� una vez –en la reja,
A la entrada de la vi�a.—
Cuando la barbara abeja
Pico en la frente a mi hija.
Goce una vez, de tal suerte
Que goce cual nunca: --cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcalde llorando.
Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, --es
Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al �guila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La v�bora del veneno.
Yo s� bien que cuando el mundo
Cede, l�vido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada
De horror y j�bilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cay� frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por el, calla, y muere.
Todo es hermoso y constante,
Todo es m�sica y raz�n,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carb�n.
Yo s� que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto,--
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un �rbol marchito
Mi muceta de doctor.
Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.
Mi verso es como un pu�al
Que por el pu�o echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carm�n encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Con que se funde la espada.
El alma tr�mula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina espa�ola.
Han hecho bien en quitar
El bander�n de la acera;
Porque si est� la bandera,
No s�, yo no puedo entrar.
Ya llega la bailarina:
Soberbia y p�lida llega:
�C�mo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.
Lleva un sombrero torero
Y una capa carmes�:
�Lo mismo que un alel�!
Que se pusiese un sombrero!
Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.
Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mant�n,
La virgen de la Asunci�n
Bailando un baile andaluz.
Alza, retando, la frente;
Cr�zase al hombre la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.
Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.
Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.
S�bito, de un salto arranca:
H�rtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.
El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es un rosa la boca:
Lentamente taconea.
Recoge, de un d�bil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro...
Baila muy bien la espa�ola;
Es blanco y rojo el mant�n:
�Vuelve, fosca a su rinc�n,
El alma tr�mula y sola!
Yo tengo un paje muy fiel
Que me cuida y que me gru�e,
Y al salir, me limpia y bru�e
Mi corona de laurel.
Yo tengo un paje ejemplar
Que no come, que no duerme,
Y que se acurruca a verme
Trabajar, y sollozar.
Salgo, y el vil se desliza
Y en mi bolsillo aparece;
Vuelvo, y el terco me ofrece
Una taza de ceniza.
Si duermo, al rayar el d�a
Se sienta junto a mi cama:
Si escribo, sangre derrama
Mi paje en la escriban�a.
Mi paje, hombre de respeto,
Al andar casta�etea:
Hiela mi paje, y chispea:
Mi paje es un esqueleto.
Es rubia: el cabello suelto
Da m�s luz al ojo moro:
Voy, desde entonces, envuelto
En un torbellino de oro.
La abeja estival que zumba
M�s �gil por la flor nueva,
No dice, como antes, "tumba":
"Eva" dice: todo es "Eva".
Bajo, en lo oscuro, al temido
Raudal de la catarata:
�Y brilla el iris, tendido
Sobre las hojas de plata!
Miro, ce�udo, la agreste
Pompa del monte irritado;
�Y en el alma azul celeste
Brota un jacinto rosado!
Voy, por el bosque, a paseo
A la laguna vecina:
Y entre las ramas la veo,
Y por el agua camina.
La serpiente del jard�n
Silva, escupe, y se resbala
Por su agujero: el clar�n
Me tiende, trinando, el ala.
�Arpa soy, salterio soy
Donde vibra el Universo:
Vengo del sol, y al sol voy:
Soy el amor: soy el verso!
Estoy en el baile extra�o
De polaina y casaqu�n
Que dan, del a�o hacia el fin,
Los cazadores del a�o.
Una duquesa violeta
Va con un frac colorado:
Marca un vizconde pintado
El tiempo en la pandereta.
Y pasan las chupas rojas;
Pasan los tules de fuego,
Como delante de un ciego
Pasan volando las hojas.
Sue�o con claustros de m�rmol
Donde en silencio divino
Los h�roes, de pie, reposan:
�De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Est�n en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empu�an
La espada de piedra: lloran:
�Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
Hablo con ellos, de noche!
Est�n en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un m�rmol: "Oh m�rmol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus due�os!
Que hablan la lengua podrida
De sus rufianes! que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!!
Que pierden en lengua in�til
El �ltimo fuego!: �dicen,
Oh m�rmol, m�rmol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!"
�chame en tierra de un bote
El h�roe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, �el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: del soclo
Saltan los hombres de m�rmol!
Vierte, coraz�n, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
T� me sufres, t� aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi ardor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
T�, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
En cuanto me agobia el alma.
T�, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, p�lido y duro,
Mi amoroso compa�ero.
Mi vida as� se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y t� me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti te desv�a
De tu dichosa armon�a
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y ac� l�vido, all� rojo,
Blanco all� como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor m�s que t� fuerte.
�Habr�, como me aconseja
Un coraz�n mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca deja?
�Verso, nos hablan de un Dios
A donde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
La niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala,
Contar este cuento en flor:
La ni�a de Guatemala,
La que se muri� de amor.
Eran de lirios los ramos,
Y las orlas de reseda
Y de jazm�n: la enterramos
En una caja de seda.
...Ella dio al desmemoriado
Una almohadilla de olor:
El volvi�, volvi� casado:
Ella se muri� de amor.
Iban carg�ndola en andas
Obispos y embajadores:
Detr�s iba el pueblo en tandas,
Todo cargado de flores.
...Ella, por volverlo a ver,
Sali� a verlo al mirador:
El volvi� con su mujer:
Ella se muri� de amor.
Como de bronce candente
Al beso de despedida
Era su frente �la frente
Que m�s he amado en mi vida!
...Se entr� de tarde en el r�o,
La sac� muerta el doctor:
Dicen que muri� de fr�o:
Yo s� que muri� de amor.
All�, en la b�veda helada,
La pusieron en dos bancos:
Bes� su mano afilada,
Bes� sus zapatos blancos.
Callado, al oscurecer,
Me llam� el enterrador:
�Nunca m�s he vuelto a ver
A la que muri� de amor!
El coraz�n con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.
Versos Sencillos
Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.
Yo s� los nombres extra�os
De las yerbas y las flores,
Y de mortales enga�os,
Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros
Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
Con el pu�al al costado,
Sin decir jam�s el nombre
De aquella que lo ha matado.
R�pida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murio el pobre viejo,
Cuando ella me dijo adi�s.
Tembl� una vez –en la reja,
A la entrada de la vi�a.—
Cuando la barbara abeja
Pico en la frente a mi hija.
Goce una vez, de tal suerte
Que goce cual nunca: --cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcalde llorando.
Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, --es
Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al �guila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La v�bora del veneno.
Yo s� bien que cuando el mundo
Cede, l�vido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada
De horror y j�bilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cay� frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por el, calla, y muere.
Todo es hermoso y constante,
Todo es m�sica y raz�n,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carb�n.
Yo s� que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto,--
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un �rbol marchito
Mi muceta de doctor.
Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.
Mi verso es como un pu�al
Que por el pu�o echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carm�n encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Con que se funde la espada.
El alma tr�mula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina espa�ola.
Han hecho bien en quitar
El bander�n de la acera;
Porque si est� la bandera,
No s�, yo no puedo entrar.
Ya llega la bailarina:
Soberbia y p�lida llega:
�C�mo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.
Lleva un sombrero torero
Y una capa carmes�:
�Lo mismo que un alel�!
Que se pusiese un sombrero!
Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.
Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mant�n,
La virgen de la Asunci�n
Bailando un baile andaluz.
Alza, retando, la frente;
Cr�zase al hombre la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.
Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.
Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.
S�bito, de un salto arranca:
H�rtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.
El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es un rosa la boca:
Lentamente taconea.
Recoge, de un d�bil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro...
Baila muy bien la espa�ola;
Es blanco y rojo el mant�n:
�Vuelve, fosca a su rinc�n,
El alma tr�mula y sola!
Yo tengo un paje muy fiel
Que me cuida y que me gru�e,
Y al salir, me limpia y bru�e
Mi corona de laurel.
Yo tengo un paje ejemplar
Que no come, que no duerme,
Y que se acurruca a verme
Trabajar, y sollozar.
Salgo, y el vil se desliza
Y en mi bolsillo aparece;
Vuelvo, y el terco me ofrece
Una taza de ceniza.
Si duermo, al rayar el d�a
Se sienta junto a mi cama:
Si escribo, sangre derrama
Mi paje en la escriban�a.
Mi paje, hombre de respeto,
Al andar casta�etea:
Hiela mi paje, y chispea:
Mi paje es un esqueleto.
Es rubia: el cabello suelto
Da m�s luz al ojo moro:
Voy, desde entonces, envuelto
En un torbellino de oro.
La abeja estival que zumba
M�s �gil por la flor nueva,
No dice, como antes, "tumba":
"Eva" dice: todo es "Eva".
Bajo, en lo oscuro, al temido
Raudal de la catarata:
�Y brilla el iris, tendido
Sobre las hojas de plata!
Miro, ce�udo, la agreste
Pompa del monte irritado;
�Y en el alma azul celeste
Brota un jacinto rosado!
Voy, por el bosque, a paseo
A la laguna vecina:
Y entre las ramas la veo,
Y por el agua camina.
La serpiente del jard�n
Silva, escupe, y se resbala
Por su agujero: el clar�n
Me tiende, trinando, el ala.
�Arpa soy, salterio soy
Donde vibra el Universo:
Vengo del sol, y al sol voy:
Soy el amor: soy el verso!
Estoy en el baile extra�o
De polaina y casaqu�n
Que dan, del a�o hacia el fin,
Los cazadores del a�o.
Una duquesa violeta
Va con un frac colorado:
Marca un vizconde pintado
El tiempo en la pandereta.
Y pasan las chupas rojas;
Pasan los tules de fuego,
Como delante de un ciego
Pasan volando las hojas.
Sue�o con claustros de m�rmol
Donde en silencio divino
Los h�roes, de pie, reposan:
�De noche, a la luz del alma,
Hablo con ellos: de noche!
Est�n en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empu�an
La espada de piedra: lloran:
�Vibra la espada en la vaina!:
Mudo, les beso la mano.
Hablo con ellos, de noche!
Est�n en fila: paseo
Entre las filas: lloroso
Me abrazo a un m�rmol: "Oh m�rmol,
Dicen que beben tus hijos
Su propia sangre en las copas
Venenosas de sus due�os!
Que hablan la lengua podrida
De sus rufianes! que comen
Juntos el pan del oprobio,
En la mesa ensangrentada!!
Que pierden en lengua in�til
El �ltimo fuego!: �dicen,
Oh m�rmol, m�rmol dormido,
Que ya se ha muerto tu raza!"
�chame en tierra de un bote
El h�roe que abrazo: me ase
Del cuello: barre la tierra
Con mi cabeza: levanta
El brazo, �el brazo le luce
Lo mismo que un sol!: resuena
La piedra: buscan el cinto
Las manos blancas: del soclo
Saltan los hombres de m�rmol!
Vierte, coraz�n, tu pena
Donde no se llegue a ver,
Por soberbia, y por no ser
Motivo de pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo,
Porque cuando siento el pecho
Ya muy cargado y deshecho,
Parto la carga contigo.
T� me sufres, t� aposentas
En tu regazo amoroso,
Todo mi ardor doloroso,
Todas mis ansias y afrentas.
T�, porque yo pueda en calma
Amar y hacer bien, consientes
En enturbiar tus corrientes
En cuanto me agobia el alma.
T�, porque yo cruce fiero
La tierra, y sin odio, y puro,
Te arrastras, p�lido y duro,
Mi amoroso compa�ero.
Mi vida as� se encamina
Al cielo limpia y serena,
Y t� me cargas mi pena
Con tu paciencia divina.
Y porque mi cruel costumbre
De echarme en ti te desv�a
De tu dichosa armon�a
Y natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo
Sobre tu seno, y lo azotan,
Y tu corriente alborotan,
Y ac� l�vido, all� rojo,
Blanco all� como la muerte,
Ora arremetes y ruges,
Ora con el peso crujes
De un dolor m�s que t� fuerte.
�Habr�, como me aconseja
Un coraz�n mal nacido,
De dejar en el olvido
A aquel que nunca deja?
�Verso, nos hablan de un Dios
A donde van los difuntos:
Verso, o nos condenan juntos,
O nos salvamos los dos!
La niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala,
Contar este cuento en flor:
La ni�a de Guatemala,
La que se muri� de amor.
Eran de lirios los ramos,
Y las orlas de reseda
Y de jazm�n: la enterramos
En una caja de seda.
...Ella dio al desmemoriado
Una almohadilla de olor:
El volvi�, volvi� casado:
Ella se muri� de amor.
Iban carg�ndola en andas
Obispos y embajadores:
Detr�s iba el pueblo en tandas,
Todo cargado de flores.
...Ella, por volverlo a ver,
Sali� a verlo al mirador:
El volvi� con su mujer:
Ella se muri� de amor.
Como de bronce candente
Al beso de despedida
Era su frente �la frente
Que m�s he amado en mi vida!
...Se entr� de tarde en el r�o,
La sac� muerta el doctor:
Dicen que muri� de fr�o:
Yo s� que muri� de amor.
All�, en la b�veda helada,
La pusieron en dos bancos:
Bes� su mano afilada,
Bes� sus zapatos blancos.
Callado, al oscurecer,
Me llam� el enterrador:
�Nunca m�s he vuelto a ver
A la que muri� de amor!
José Marti
martes, 8 de enero de 2013
La mujer
Juan Bosch
La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará.
Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató;
el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco. Tornose
luego transparente el acero blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera.
Debe hacer muchos siglos de su muerte. La desenterraron
hombres con picos y palas. Cantaban y picaban; algunos había, sin embargo, que
ni cantaban ni picaban. Fue muy largo todo aquello. Se veía que venían de
lejos: sudaban, hedían. De tarde el acero blanco se volvía rojo; entonces en
los ojos de los hombres que desenterraban la carretera se agitaba una hoguera
pequeñita, detrás de las pupilas.
La muerta atravesaba sabanas y lomas y los vientos traían
polvo sobre ella. Después aquel polvo murió también y se posó en la piel gris.
A los lados hay arbustos espinosos. Muchas veces la vista se
enferma de tanta amplitud. Pero las planicies están peladas. Pajonales, a
distancia. Tal vez aves rapaces coronen cactos. Y los cactos están allá, más
lejos, embutidos en el acero blanco.
También hay bohíos, casi todos bajos y hechos con barro.
Algunos están pintados de blanco y no se ven bajo el sol. Sólo se destaca el
techo grueso, seco, ansioso de quemarse día a día. Las cañas dieron esas
techumbres por las que nunca rueda agua.
La carretera muerta, totalmente muerta, está ahí,
desenterrada, gris. La mujer se veía, primero, como un punto negro, después,
como una piedra que hubieran dejado sobre la momia larga. Estaba allí tirada
sin que la brisa le moviera los harapos. No la quemaba el sol; tan sólo sentía
dolor por los gritos del niño. El niño era de bronce, pequeñín, con los ojos
llenos de luz, y se agarraba a la madre tratando de tirar de ella con sus
manecitas. Pronto iba la carretera a quemar el cuerpo, las rodillas por lo
menos, de aquella criatura desnuda y gritona.
La casa estaba allí cerca, pero no podía verse.
A medida que se avanzaba crecía aquello que parecía una
piedra tirada en medio de la gran carretera muerta. Crecía, y Quico se dijo:
"Un becerro, sin duda, estropeado por un auto".
Tendió la vista: la planicie, la sabana. Una colina lejana,
con pajonales, como si fuera esa colina sólo un montoncito de arena apilada por
los vientos. El cauce de un río; las fauces secas de la tierra que tuvo agua
mil años antes de hoy. Se resquebrajaba la planicie dorada bajo el pesado acero
transparente. Y los cactos, los cactos coronados de aves rapaces.
Más cerca ya, Quico vio que era persona. Oyó distintamente
los gritos del niño.
El marido le había pegado. Por la única habitación del
bohío, caliente como horno, la persiguió, tirándole de los cabellos y
machacándole la cabeza a puñetazos.
-¡Hija de mala madre! ¡Hija de mala madre! ¡Te voy a matar como
a una perra, desvergonsá!
-Pero si nadie pasó, Chepe: nadie pasó -quería ella
explicar.
-¿Que no? ¡Ahora verás!
Y volvía a golpearla.
El niño se agarraba a las piernas de su papá, no sabía
hablar aún y pretendía evitarlo. Él veía la mujer sangrando por la nariz. La
sangre no le daba miedo, no, solamente deseos de llorar, de gritar mucho. De
seguro mamá moriría si seguía sangrando.
Todo fue porque la mujer no vendió la leche de cabra, como
él se lo mandara; al volver de las lomas, cuatro días después, no halló el
dinero. Ella contó que se había cortado la leche; la verdad es que la bebió el
niño. Prefirió no tener unas monedas a que la criatura sufriera hambre tanto
tiempo.
Le dijo después que se marchara con su hijo:
-¡Te mataré si vuelves a esta casa!
La mujer estaba tirada en el piso de tierra; sangraba mucho
y nada oía. Chepe, frenético, la arrastró hasta la carretera. Y se quedó allí,
como muerta, sobre el lomo de la gran momia.
Quico tenía agua para dos días más de camino, pero la gastó
en rociar la frente de la mujer. La llevó hasta el bohío, dándole el brazo, y
pensó en romper su camisa listada para limpiarla de sangre. Chepe entró por el
patio.
-¡Te dije que no quería verte má aquí, condená!
Parece que no había visto al extraño. Aquel acero blanco,
transparente, le había vuelto fiera, de seguro. El pelo era estopa y las
córneas estaban rojas.
Quico le llamó la atención; pero él, medio loco, amenazó de
nuevo a su víctima. Iba a pegarle ya. Entonces fue cuando se entabló la lucha
entre los dos hombres.
El niño pequeñín comenzó a gritar otra vez; ahora se
envolvía en la falda de su mamá.
La lucha era como una canción silenciosa. No decían palabra.
Sólo se oían los gritos del muchacho y las pisadas violentas.
La mujer vio cómo Quico ahogaba a Chepe: tenía los dedos
engarfiados en el pescuezo de su marido. Éste comenzó por cerrar los ojos;
abría la boca y le subía la sangre al rostro.
Ella no supo qué sucedió, pero cerca, junto a la puerta,
estaba la piedra; una piedra como lava, rugosa, casi negra, pesada. Sintió que
le nacía una fuerza brutal. La alzó. Sonó seco el golpe. Quico soltó el
pescuezo del otro, luego dobló las rodillas, después abrió los brazos con
amplitud y cayó de espaldas, sin quejarse, sin hacer un esfuerzo.
La tierra del piso absorbía aquella sangre tan roja, tan
abundante. Chepe veía la luz brillar en ella.
La mujer tenía las manos crispadas sobre la cara, todo el
pelo suelto y los ojos pugnando por saltar. Corrió. Sentía flojedad en las
coyunturas. Quería ver si alguien venía. Pero sobre la gran carretera muerta,
totalmente muerta, sólo estaba el sol que la mató. Allá, al final de la
planicie, la colina de arenas que amontonaron los vientos. Y cactos embutidos
en el acero.
FIN
lunes, 7 de enero de 2013
La Guerra
España envuelta en sueño, despertando
como una cabellera con espigas,
te vi nacer, tal vez entre las breñas
y las tinieblas, labradora,
levantarte entre las espinas y los montes
y recorrer el aire con las venas abiertas
pero te vi atacada en las esquinas
por los antiguos bandoleros. Iban
enmascarados, con sus cruces hechas
de víboras, con los pies metidos
en el glacial pantano de los muertos.
Entonces vi tu cuerpo desprendido
de matorrales, roto
sobre la arena encarnizada, abierto,
sin mundo, enguijoneando en la agonía.
Hasta hoy corre el agua de tu peñas
entre los calabozos, y sostienes
tu corona de púas en silencio,
a ver quien puede mas, si tus dolores
o los rostros que cruzan sin mirarte.
Yo lo viví con tu aurora de fusiles,
y quiero que de nuevo pueblo y pólvora
sacudan los ramajes deshonrados
hasta que tiemble el sueño y se reúnan
los frutos divididos en la tierra.
Pablo Neruda
Leer más: http://www.monografias.com/trabajos22/neruda/neruda.shtml#vidapolit#ixzz2HIYmHiKS
Poema de Pablo Neruda " El sueño "
yo decidí dejarte.
Pisaba un barro oscuro
que temblaba,
y hundiéndome y saliendo
decidí que salieras
de mí, que me pesabas
como piedra cortante,
y elaboré tu pérdida
paso a paso:
cortarte las raíces,
soltarte sola al viento.
Ay, en ese minuto,
corazón mío, un sueño
con sus alas terribles te cubría.
Te sentías tragada por el barro,
y me llamabas y yo no acudía,
te ibas, inmóvil,
sin defenderte
hasta ahogarte en la boca de arena.
Despues,
mi decisión se encontró con tu sueño,
y desde la ruptura
que nos quebraba el alma,
surgimos limpios otra vez, desnudos,
amándonos
sin sueño, sin arena,
completos y radiantes,
sellados por el fuego.
domingo, 6 de enero de 2013
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